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En 1939 el ejército americano decidió recurrir a las industrias para  saber si era técnicamente posible realizar un camión de transporte de  dos toneladas y media con seis ruedas motrices. General Motors ganó la licitación con un modelo que era la evolución de su  camión militar ACX-353.En 1944 la versión anfibia, el DUKW, conoció su  momento de gloria durante el desembarco en las costas normandas. En la  posguerra, cuando se trataba de reconstruir los servicios antiincendio, dado que la segunda guerra mundial había puesto a prueba la economía en todo el  planeta, se optó generalmente por un vehículo simple capaz de transportar a  los bomberos y una reserva de agua considerable. Se trataba de una elección  obligada para tratar de afrontar la escasa difusión de las bocas de incendios y  también para poder hacer frente a los incendios forestales. Desde este  momento los centros operativos intentaron adquirir esta autobomba cisterna  destinada a usos forestales (en francés Camion Citeme Pour Feu de Foret,  abreviado en CCF) por su fiabilidad y sus características técnicas óptimas. El GMC CCF, de 6,928 m de longitud, 2,235 de anchura, 2,220 de altura y con  un peso de 5.420 kg,disponía de un motor de seis cilindros de 4.420 ce que  desarrollaba una potencia de 90 CV. Gracias a la potencia de este propulsor, el  camión podía embarcar una carga útil de casi 5 toneladas. Dotado de un  cambio de cinco marchas y de una caja de reenvío de dos velocidades,  alcanzaba una velocidad máxima de 115 km/h aprovechando la  desmultiplicación. El depósito de 152 litros de carburante le permitía recorrer  400 km sin repostar. Con ese suministro, este vehículo podía hacer frente a casi todos los tipos de terreno accidentado y duplicaba su eficacia en las maniobras  todoterreno. Para mejorar aún más sus ya extraordinarias características, el GM  a menudo se personalizó en función del entorno en el que tenía que funcionar.  En el sudoeste de Francia, por ejemplo, la configuración del bosque de las  Landas obligó a los bomberos a aportar una serie de modificaciones. Los chasis  se reforzaron, se eliminaron los estribos y se desplazaron los depósitos de  gasolina hacia la cabina para aumentar la altura desde el suelo. Para  desplazarse en terrenos cenagosos o arenosos, los neumáticos originales se  sustituyeron por otros de baja presión. En el departamento de Charente-  Maritime, que da al Atlántico junto a La Rochelle, a los chasis se fijaron barras  de acero para conferir al conjunto la máxima rigidez posible y evitar de-  formarlo en los choques contra los árboles. Fueron muchos los carroceros y los  fabricantes que rivalizaron en ingenio para responder a las necesidades de los  bomberos a la hora de personalizar sus vehículos.  
Características técnicas   Motricidad: 6 x 6 para la versión 353 y 6 x 4 para la  versión 352 Capacidad del depósito de agua: 3.500-4.000 litros Peso: 2.500 kg Peso con carga plena: 5.420 kg Motor: 90 CV a 2.750 revoluciones por minuto, 6 cilindros ACT, 4.420 cc Longitud total: 6.928 mm Anchura máxima: 2.235 mm Altura máxima: 2.200 mm Altura desde el suelo: 245 mm  Producción total: más de 600.000 ejemplares en la versión 6 x 6 y aproximadamente 25.000 ejemplares en la versión 6 x 4 entre 1941 y 1945  Distancia entre ruedas: 4.160 mm para el modelo 353 y 3.683 mm para el modelo 352  Cambio: 5 marchas con desmultiplicada, caja de reenvío de dos velocidades Velocidad máxima: 115 km/h Capacidad del depósito de carburante: 152 litros Autonomía: 400 km 
General Motors CCF - 1940
  Vehículo de desfiles  Las empresas especializadas en la producción de vehículos  antiincendio, como Heil y Columbian en Estados Unidos o Guinard,  Merceron, Berliet o incluso Gugumus-Charton en Francia, utilizaron  depósitos de agua de capacidades distintas, llegando hasta los 4.000 litros. Las formas se adaptaron a las necesidades y a las  características del terreno. En la mayor parte de los modelos la  motobomba garantizaba un caudal de 500 litros por minuto. En  ocasiones un banco apoyado en el depósito ofrecía seis asientos para los bomberos y a la vez servía de caja donde colocar el equipo. Cada  vehículo disponía de uno, o incluso dos carretes portamangajes con  decenas de metros de tubos. Entre 1941 y 1945 se construyeron  600.000 vehículos de este tipo. Aunque hoy ya no se utilizan para la  lucha antiincendio, aún forman parte del patrimonio de numerosos  parques y conservan aún los recuerdos de numerosos bomberos. Los  desfiles han conferido una segunda juventud a estos camiones tan  revolucionarios en su época.
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Vehículos de Extinción